Y SI NO NOS CONCEDEN UN ICO…, ¿QUÉ SOLUCIONES TENEMOS?

La crisis en la que nos encontramos ha supuesto la necesidad, en muchas empresas, de buscar financiación en aras a garantizar la liquidez de las mismas y evitar situaciones de suspensión de pagos,… ¿pero qué sucede si la misma no puede provenir de pólizas de crédito o préstamos ICO y debe encararse desde los propios socios de la entidad?

A estos efectos, no valorando la opción del incremento de capital (por los costes de notario y registro que pueden suponer), veremos que existen diferentes alternativas que nos permiten que los socios aporten capital a la entidad; por lo que brevemente veremos los pros y contras de las principales figuras a las que podemos acudir desde un punto de vista más “práctico que teórico”.

CONSTITUCIÓN DE UN PRÉSTAMO

Este es uno de los supuestos más “simples y conocidos”, y supone que sean los propios socios los que le hagan un préstamo de dinero a la sociedad.

Es necesario indicar que lo más recomendable (si bien no imprescindible) sería que los socios aportasen el dinero en proporción a su participación (de ese modo, si después la empresa no pudiese devolver todo o parte de las cantidades prestadas, siempre cabría la posibilidad de capitalizar el préstamo sin que ello implicase variar los porcentajes de participación en la misma).

Éste préstamo, que podría recogerse en un documento privado o elevarse a público, es relativamente fácil de documentar; pero ¿cómo tributaría esta operación de préstamo de los socios a la sociedad?

ITP – La constitución de los préstamos es una operación sujeta pero exenta de ITP, por lo que no se debe satisfacer dicho impuesto. No obstante, en estos casos, es necesario que los préstamos sean declarados como exentos en la oficina liquidadora del ITP de la comunidad autónoma correspondiente (mediante el modelo 600).

Esta sujeción y exención en ITP, lleva implícita la NO sujeción en IVA, por lo que no es un impuesto que “deba preocuparnos”.

IRPF y SociedadesPor lo que se refiere a la remuneración de estos préstamos, nuestra recomendación es que se valoren a precios de mercado (sobretodo en el supuesto de socios que ostenten una participación del 25% o más del capital), lo que en la práctica supondrá:

  • Que debamos hacer una tarea previa de “estudio de mercado” para determinar cuál sería un precio de mercado adecuado para determinar el tipo de interés.

  • Que, a nivel tributario, para la sociedad prestataria el pago de los intereses es un gasto deducible en la determinación de sus beneficios.

  • Para los socios, por su parte, son un ingreso tributable en su IRPF que, en el caso de ser socios personas físicas, supondrá declarar los intereses en la base imponible del ahorro del IRPF y tributar por ellos a un tipo de entre el 19% y el 23%.

Nota: Los intereses tributarán entre el 19 y un 23% siempre y cuando el préstamo no supere un importe de tres veces los fondos propios que le correspondan por porcentaje de participación al socio correspondiente. De producirse un exceso, el mismo tributaría en la base general del IRPF (y en consecuencia a un tipo marginal que puede llegar a superar el 45%).

Nota 2: Cabe recordar que el pago de los intereses por parte de la entidad estará sujeta a una retención del 19%, importe que deberá ser ingresado a Hacienda mediante el modelo 123.

LA APORTACIÓN DE SOCIOS

Si la voluntad es que la sociedad NO abone ningún interés a los socios (y no queremos afrontar los costes y formalismos de un incremento de capital), la alternativa más clara sería la “aportación de socios”, si bien a estos efectos debemos tener en cuenta que:

  • Este importe se recogerá contablemente entre los Fondos propios de la entidad, por lo que a diferencia del préstamo que analizábamos en el punto anterior, refuerza la posición financiera de la entidad al incrementar su patrimonio neto (y en ocasiones evitar con ello incumplimientos de la normativa mercantil por el efecto que las pérdidas acumuladas puedan suponer en los fondos propios de la entidad).

  • NO es necesario su formalización mediante una escritura, si bien, como en el caso del préstamo, sería necesario documentarlo por escrito (pues debe ser aprobado por la Junta General de Socios) y presentarlo ante el organismo competente de la Comunidad Autónoma… aunque sin coste por estar también exento del ITP.

  • Las ventajas que tienen las aportaciones son, en consecuencia, que la entidad no asume un coste económico añadido por no tener que elevar a público el acuerdo, ni la necesidad de remunerar a los socios por la aportación realizada, al menos no de forma directa e inmediata – se entiende que si la aportación de los socios ayuda a la Entidad y se obtienen mejores resultados, esto acabará por beneficiar al socio a través de la distribución de dividendos o del incremento del valor de las participaciones para el momento de su transmisión y, por tanto, indirectamente y a largo plazo-.

  • No obstante esta figura tiene “dos grandes contras”:

    • Que las aportaciones NECESARIAMENTE deben ser proporcionales a la participación de cada socio, es decir, que la aportación que se apruebe se distribuirá entre TODOS los socios los cuales deberán poner a disposición de la Entidad los recursos en función del porcentaje de participación sobe el capital social que ostenten (solo de esta forma sería considerada una aportación a fondos propios y no como una donación a la Entidad por la que tenga que tributar en el Impuesto sobre Sociedades).

    • Y que si bien tiene la ventaja que es prácticamente como una ampliación e capital (sin los costes de notario y registro aparejados) supone sin embargo una APORTACIÓN NO REINTEGRABLE a los socios que debería permanecer en la sociedad hasta “su venta o disolución” (a diferencia del incremento de capital que sí puede ser “devuelto” mediante una reducción de capital posterior).

CONSTITUCIÓN DE UN PRÉSTAMO PARTICIPATIVO

Finalmente, y si bien menos conocido que las figuras anteriores, destacamos que existen otras fuentes de financiación de la Entidad y entre ellas se encuentra un “híbrido entre ambos sistemas anteriores” como son los préstamos participativos y que supone la cesión de unos recursos mediante la celebración de un préstamo siendo que el prestamista participa en mayor o menor medida de los “beneficios” de la empresa financiada – al pactarse un interés eminentemente variable y no “meramente fijo”.

Podríamos decir que este sistema es un mix de las dos figuras detalladas antes, pues no deja de ser un préstamo, si bien se genera un interés “vinculado a resultados” (al tener habitualmente una parte fija menor a la que fijaría una entidad financiera independiente y otra parte variable en atención a los beneficios de la entidad, del incremento de la cifra de ventas… por lo que el riesgo para la entidad receptora del préstamos es menor que la de un interés a “fijo” cuyo pago debería ser afrontado con independencia de la evolución del negocio).

El pago del interés sería también deducible fiscalmente para la empresa pagadora y un ingreso tributable para el socio receptor, y se producirá una devolución del capital cedido (normalmente pactando carencias de devolución).

Cabe destacar que, a diferencia del préstamo “simple”, la normativa mercantil considera el préstamo participativo como parte integrante del patrimonio neto de la entidad – lo que puede favorecer a la entidad en determinadas circunstancias de pérdidas que han generado una descapitalización de la misma y en las que un “préstamo simple” no evitaría las causas mercantiles de disolución -.

Como “contra” nos encontramos que, en caso de insolvencia de la empresa, el socio-deudor se situará únicamente por delante de los propios socios en el orden de prelación de los pagos (al ser una figura que se asemeja casi a la de un socio).

Finalmente indicar que este tipo de préstamos se podría formalizar también mediante un contrato “sin coste de impuestos” y que podría elevarse a público ante notario o simplemente formalizarse mediante un documento privado si bien, de nuevo, debería presentarse ante el organismo competente de la Comunidad Autónoma.

En consecuencia, y de lo que antecede, vemos que además de la financiación externa o alternativas como el incremento de capital, existen figuras diversas que nos pueden ayudar a obtener fondos para las entidades, lo importante es determinar cuál es la que mayor encaje tenga en las necesidades de la sociedad y la de sus propios socios-prestamistas.

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