FUNDACIONES CIVILES VS CANÓNICAS. ¿CUÁL NOS INTERESA?

La falta de vocaciones ha llevado a muchas Congregaciones a plantearse el futuro de sus obras y la necesaria implicación de la sociedad civil para garantizar su continuidad y, en ocasiones, la posibilidad de traspasar la titularidad de las mismas a una “nueva entidad jurídica” más autónoma y diferenciada de la propia Congregación.

Esto ha supuesto que no pocas hayan pensado en la constitución de una Fundación (única para englobar todas las obras, o individual para cada una de ellas)… pero de las primeras preguntas que se pone sobre la mesa es… ¿Fundación Civil o Canónica?.

Seguramente esta “simple pregunta”, y sus derivadas jurídicas, nos podría hacer escribir páginas y páginas (lo que no es la voluntad del presente artículo); por lo que nos centraremos en algunos aspectos básicos que nos pueden ayudar a decidir.

¿A NIVEL TRIBUTARIO HAY DIFERENCIAS?

Si empezamos “por lo fácil”, a la pregunta de si existen diferencias sustanciales en la tributación de este tipo de entidades, debemos indicar que la respuesta es que NO, no existen diferencias sustanciales por cuanto que:

  • Ambos tipos de entidades deberán solicitar la aplicación del régimen fiscal especial de la Ley del mecenazgo (mediante la presentación del oportuno modelo 036) – A diferencia de las Congregaciones a las que dicho régimen les es de “aplicación automática” -.

  • Y ambos tipos de Fundaciones, para poder aplicar dicho régimen, deberán cumplir los requisitos que la Ley del mecenazgo establece en su artículo 3 – así como los requisitos “formales” (de solicitud de las exenciones) previstos en la Ley y normativa de desarrollo –.

¿Y A NIVEL “JURÍDICO Y DE FUNCIONAMIENTO” HAY DIFERENCIAS?

Es posible que esta sea una de las principales diferencias que SÍ deberemos tener en cuenta a la hora de decidir, por cuanto que:

  • Las Fundaciones “Civiles” dependerán del “Protectorado” que resulte competente. Cabe recordar que algunas Comunidades Autónomas (vía despliegue de su Estatuto de Autonomía) han ejercido sus competencias para regular este tipo de entidades, siendo en consecuencia que:

    • Si la Fundación desarrolla su actividad en todo el territorio nacional, será el Protectorado “Estatal” el que tendrá competencias para su supervisión.

    • Aquellas que actúen en una autonomía que NO ha ejercido su potestad normativa, también dependerán del Protectorado “Estatal”.

    • Finalmente, aquellas que actúen principalmente en una autonomía que SÍ ha ejercido sus competencias normativas sobre este tipo de entidades, se encontrará entonces bajo la tutela y supervisión del Protectorado de dicha Comunidad Autónoma.

  • Las Fundaciones Canónicas, por su parte, quedarán bajo la supervisión y control del Protectorado del Obispado del que dependan en función de su territorio (y con especialidades propias si, perteneciendo a un obispado, realizan actividades en áreas de otro obispado).

Esta diferencia se basa en que la normativa que rige las Fundaciones civiles será la normativa aprobada al efecto por el Estado (Ley 50/2002) o por la Comunidad Autónoma competente (como en el caso de Cataluña, Navarra, Galicia, Valencia, País Vasco,…) y quedarán inscritas en el registro del Protectorado competente.

Las Fundaciones canónicas, sin embargo, se regirán por el “derecho canónico” (debiendo ser aprobadas por la autoridad eclesiástica competente, y quedando inscritas en el Registro de Entidades Religiosas…). NOTA: Cabe recordar que, en atención al acuerdo iglesia Estado de 1979, las Fundaciones Canónicas son entidades recogidas en el artículo V de dicho acuerdo (a diferencia de las Congregaciones que quedan recogidas en el artículo IV… con los efectos tributarios que ello implica y que hemos anticipado levemente en el apartado anterior).

Siendo que a las Fundaciones Canónicas les resulta aplicable el derecho canónico, si queremos poder aplicar el régimen fiscal especial, deberemos no obstante tener muy presentes los requisitos establecidos en el artículo 3 de la Ley 49/2002 y las actividades previstas en el artículo 7 a la hora de establecer los fines, destino de los ingresos, funcionamiento,… (pues una ambigüedad de fines o plantearlos demasiado “genéricos” podría no encajar con las actividades previstas en el artículo 7 para obtener su posterior exención en el Impuesto sobre Sociedades, impuestos locales,…).

A modo de comentario y sin querer generalizar, queremos indicar que, por nuestra experiencia, el control ejercido por los Protectorados Civiles es mucho más directo, intenso y estricto que el realizado por los Protectorados dependientes de los Obispados.

Quedamos a su disposición si quieren que analicemos en su caso concreto qué tipo de entidad puede ser más recomendable utilizar.

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