¿Economía de opción o negocio simulado?

Hacienda es cada vez más proclive a considerar que los contribuyentes “simulan un negocio” con el fin de obtener ventajas fiscales… mientras que los afectados defienden que se acogieron a una “economía de opción”.

En más de una ocasión nos habrán oído decir que la democracia – por lo menos la nuestra y bajo nuestro punto de vista -, tiene un punto flaco en relación con los impuestos… la “baja” calidad y claridad de las normas tributarias. Si a ello sumamos que estamos en el país donde se escribió El Buscón de Quevedo o el Lazarillo de Tormes, nos encontramos ante la “tormenta perfecta” para que los contribuyentes y Hacienda lean e interpreten las normas (y/o la realidad), de manera muy “distinta”.

De lo que antecede, en muchas ocasiones establecer la línea entre “simulación” y “economía de opción” resulta realmente complicado… si bien ello tiene una gran relevancia, pues mientras que ante una simulación Hacienda podrá regularizar la situación y eventualmente sancionar al contribuyente, en el caso de la economía de opción deberá aceptar el resultado propuesto por el mismo.

A estos efectos el TSJ de Catalunya, en Sentencia de 27 de mayo de 2019 procede a realizar un análisis de estas figuras y, a modo de síntesis, queremos destacar los siguientes puntos relevantes:

Simulación

En general se produce cuando existe una declaración de voluntad “no real” emitida para producir la apariencia de un negocio que no existe o que es distinto del verdaderamente existente. Como ejemplo tendríamos el caso de formalizar contratos de préstamos que, en realidad, “ocultan donaciones” (pues no se generan intereses, no son objeto de devolución, …).

En este caso es Hacienda la que debe buscar los indicios que demuestren la discrepancia y, de ser suficientemente claros (para demostrar el dolo o la culpa del contribuyente), regularizar la operación y sancionar por ello.

Economía de opción

En este supuesto el contribuyente tiene varias alternativas lícitas para conseguir un determinado resultado y opta, de forma lícita, por la que le supone un menor coste fiscal.

En este supuesto NO existe ocultación ni actuación ilícita, siendo que el acto del contribuyente coincide con su voluntad, por lo que Hacienda debe “aceptarlo”.

Un ejemplo controvertido sería el caso de que una persona física opta por ejercer una actividad a través de una S.L. y no como profesional; u otros supuestos como los socios que, en lugar de repartirse dividendos, optan por reducir el capital social de la entidad.

Conflicto en la aplicación de la norma

Entre las dos figuras anteriores (si bien no mencionada en la sentencia) existe una de “intermedia” – el conflicto en aplicación de la norma.

En este supuesto, el contribuyente realiza actos o negocios “artificiosos”, que por sí mismos no tienen efectos jurídicos o económicos relevantes pero que, en su conjunto, le permiten obtener una ventaja fiscal.

En este supuesto NO hay simulación (pues los negocios son reales), pero tampoco hay una economía de opción (porque los actos son artificiosos y pensados para obtener un resultado final determinado).

Hacienda, en este caso, podría regularizar la situación, si bien no debería aplicar sanciones.
Pueden acceder al contenido íntegro de la sentencia haciendo clic aquí.

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